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‘La Quinta del Buitre’ cumple 40 años


Hay generaciones que marcan una época por sus resultados y otras que lo hacen por cómo se incrustan en el corazón del aficionado. La Quinta del Buitre, cuya eclosión sucedió hace cuarenta años, cumplió con ambas premisas. No sólo batió récords deportivos, como la conquista de las cinco Ligas consecutivas, y dejó instantes para la historia con las épicas remontadas europeas, sino que fue todo un movimiento social, un boom que, desde el césped, alteró todos los parámetros futbolísticos y mediáticos.

Por ello, publicamos el extracto referido a La Quinta del Buitre del libro Historia de las míticas remontadas del Real Madrid, en el que Butragueño y compañía tienen un protagonismo esencial en las mágicas noches del miedo escénico:

«Tras cinco años sin ganar la Liga, un grupo de chavales talentosos de la cantera tomó la alternativa por asalto y protagonizó toda una revolución en el club, en España y en el fútbol mundial. Los cinco fueron protagonistas de un Castilla que hizo historia conquistando la Liga de Segunda (1983-1984) y poblando un Bernabéu que pronto sospechó que se venía algo muy grande. Continuadores de la generación que en 1980 alcanzó la final de Copa, su fútbol mezclaba de manera exitosa la alegría y el virtuosismo con la eficacia.

Así lo señaló Julio César Iglesias el 14 de noviembre de 1983 en su recordado artículo-profecía de El País ‘Amancio y la Quinta del Buitre’. En él espetó directamente a Di Stéfano: “ahora tiene diez minutos, acaso dos o tres partidos, para movilizar a la quinta de El Buitre”. Cierto es que por entonces el Madrid estaba huérfano de imaginación y calidad, pero había que tener mucho cuajo para interpelar tan claramente al mito hispano-argentino.

El 5 de febrero de 1984 un rubio imberbe estaba sentado en el banquillo de Cádiz mientras veía cómo el Madrid perdía por 2-0. Entonces se le acercó Di Stéfano y pronunció la frase que iniciaría una era: “nene, calentá”. Emilio Butragueño salió en la segunda parte y, con dos goles, contribuyó a la remontada del Madrid (2-3). “Ni un gesto de agobio o de nerviosismo: llegó, metió el pie dos veces, hizo dos goles, y se fue a la ducha tan tranquilo. Es frío como una cuchilla”, declaró Ricardo Gallego tras el partido. “A este pibe lo sacudes y se le caen los goles”, dijo Di Stéfano.

Rápidamente, el juego de El Buitre, su capacidad para detener el tiempo en área, el ataque de los espacios y los regates traídos del patio del colegio lo convirtieron en el faro mediático de La Quinta. Enamorado del cambio de ritmo de Johan Cruyff, Butragueño fue atípico en su aspecto y su forma de jugar, pura combinación de instinto y diversión. En el Informe Robinson dedicado a La Quinta del Buitre (2019), el madrileño definió su fútbol: “cuando recibía la pelota no tenía ni idea de lo que iba a pasar. Eso era lo fascinante”. De blanco ganó seis Ligas, dos UEFAS, dos Copas del Rey, una Copa de la Liga y cuatro Supercopas de España.

Antes que él, debutaron Sanchís y Martín Vázquez. Lo hicieron en Murcia el 4 de diciembre de 1983 sustituyendo en la convocatoria nada menos que a Del Bosque y Stielike. Con 18 años fueron titulares y Sanchís logró el gol de la victoria. Los augures hubieran dado su beneplácito.

Inicialmente ubicado en el centro del campo como un jugador técnico y con llegada, el ‘eterno capitán’ se afianzó como uno de los mejores defensas del mundo. Corte, anticipación, colocación y salida del balón fueron sus principales virtudes. Sanchís, prácticamente inabordable en el uno contra uno, lo ganó todo en el Real Madrid: ocho Ligas, dos Copas de Europa, una Intercontinental, dos Copas de la UEFA, dos Copas del Rey, una Copa de la Liga y cinco Supercopas de España.

Martín Vázquez, el ingenio y la fantasía de La Quinta, fue también el jugador más discutido por la grada. Con una visión de juego privilegiada y un toque al alcance de muy pocos, firmó su mejor temporada en la 89-90, anotando nada menos que 14 goles. Después estuvo dos años en el Torino para volver al Bernabéu y terminar sus años como jugador en México. Su palmarés incluye seis Ligas, dos Copas de la UEFA, dos Copas del Rey, una Copa de la Liga y tres Supercopas de España.

El integrante más fugaz como madridista, Miguel Pardeza, hizo su aparición en el primer equipo el último día de 1983 en un partido frente al Espanyol. Pícaro y veloz, “de noche todos los gatos son Pardeza”, describió con ingenio Julio César Iglesias en el citado artículo. Sin embargo, tuvo la mala suerte de compartir demarcación con Butragueño, Valdano, Santillana o Hugo Sánchez. Aun así, ganó la Liga 86-87 antes de firmar una época dorada con el Zaragoza campeón de dos Copas del Rey y una Recopa.

El último de La Quinta en debutar resultó quizás el más completo de todos, Míchel. Cierto es que lo hizo en 1982 frente al Castellón, pero fue de forma testimonial debido a una huelga de futbolistas. Desde la temporada 84-85, hasta más de una década después, no soltó la banda derecha regalando su precisión, elegancia y llegada. Uno de los mejores partidos y el que mejor definió el estilo de Míchel fue contra el Oporto, en octavos de la Copa de Europa de 1987 (marcó dos goles). Eterno jugador reivindicativo, el 8 era una apasionado del fútbol con la insondable virtud de ponerla al pie o al espacio, siempre a gusto del delantero de turno. Del Madrid se despidió entre lágrimas y besando el césped el 19 de mayo de 1996 frente al Mérida. Había ganado seis Ligas, dos Copas de la UEFA, dos Copas del Rey, una Copa de la Liga y cuatro Supercopas de España.

Como fenómeno asociativo, La Quinta del Buitre fue apadrinada en sus inicios por la veteranía y el carácter de Miguel Ángel, Santillana, Camacho y Juanito, y acompañada en los años de gloria de otros jugadores que se acoplaron perfectamente a la máquina de fantasía blanca. Valdano se pasó tres campañas años marcando goles y protagonizando remontadas; Gordillo llegó del Betis para ganarse la banda izquierda y el corazón de la grada; Hugo Sánchez remató durante siete temporadas todo balón o defensa que encontró en sus inmediaciones; Bernd Schuster dictó magisterio desde el centro del campo; y Paco Buyo fue un gato disfrazado de cerrojo. Ahí es nada.

La Quinta cambió el lenguaje y el gusto del Bernabéu. Se dejó apelar a la casta y el coraje para profundizar en el arte y la finura de jugadas imposibles, espacios inexistentes y goles como colofón de un fútbol de orquesta. “Los madridistas sienten cierta debilidad por los jugadores que dan el 110 por ciento, pero ahora también por los los estilistas, y eso es por Emilio. Sedujo al Bernabéu”, explica Valdano. Esta generación llegó en el momento justo, cuando el Madrid adolecía de una crisis económica y deportiva que le alejó de los equipos vascos y del Barcelona de Maradona.

Su influencia superó las gradas de Concha Espina. En un país con pulsión renovadora en lo político, cultural y social, el éxito de cinco muchachos llegados de la cantera devino en una especie de Movida con balón. Su rebeldía, naturalidad y estética completaron desde el césped un movimiento que se llevó por delante todo lo rígido que no permitía avanzar a la sociedad de entonces».

 

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