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El infierno de Nápoles empieza en la calle


Visitar Nápoles es conocer más de cerca el infierno. Y no sólo por el enfervorecido ambiente del antes llamado estadio de San Paolo y ahora consagrado a Maradona, sino por los tambores de guerra que el Madrid siempre ha encontrado en sus calles e, incluso, a las puertas de su hotel.

La primera vez que los blancos visitaron la ciudad transalpina (1987), lo cierto es que ya venía de unas condiciones muy especiales. El partido de ida, en el que el Madrid ganó 2-0 y Chendo hizo el marcaje de su vida, se jugó a puerta cerrada debido a las sanción que se arrastraba por el incidente de Juanito con Matthäus del año anterior. Para la vuelta, Maradona se encargó de encender la mecha con aquel “No nos ganan ni con Di Stéfano y Puskas” y los tifosi no necesitaron de mucho más.

Desde que la expedición blanca aterrizó en Nápoles, fueron increpados, insultados y violentados, con lanzamientos de objetos y piedras al autobús. Las intimidaciones no cesaron en ningún momento. Bronca cuando el Madrid se entrenó un día antes del partido y ruido en la noche previa para que los jugadores no pudieran conciliar el sueño. Todo vale en la ciudad el Vesubio.

Sin embargo, ninguna artimaña sirvió entonces (el partido finalizó 1-1) y el Real Madrid avanzó en aquella Copa de Europa en la que se cobró venganza contra el Bayern de Múnich en una eliminatoria que entró en la historia del club como una de las míticas remontadas europeas.

Años después, en 2017, la historia casi repitió los pasos. En la ida, el Madrid se había vuelto a imponer por dos goles de diferencia (3-1), por lo que el Nápoles y sus aficionados recurrieron de nuevo a las trompetas y los tambores para impedir el descanso a los futbolistas blancos. Tampoco resultó. En un partidazo de Sergio Ramos, con doblete incluido, el equipo de Chamartín volvió a imponerse por 1-3 (remontada incluida, para no descuidar la costumbre).

Este año, la expedición se alojará en el Gran Hotel Vesuvio. ¿Se llevarán tapones para los oídos?