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Pretemporadas que matan


El 5 de julio de 1974 aterrizó en Madrid un técnico que cambiaría para siempre la concepción de la preparación física y táctica en el conjunto blanco. Era Miljan Miljanic, que tenía el reto de sustituir a Miguel Muñoz, nada menos. Y lo hizo apostando por su método y apoyado en Félix Radisic, el Pintus de la época.

Lo cambió todo. “Miljanic nos recomendó que quien no tuviera una casa cerca de la Ciudad Deportiva, se la comprara, porque nos íbamos a pasar el día allí dentro”, recuerda Vicente del Bosque sobre los novedosos métodos del preparador balcánico. Por primera vez, el gimnasio pasó a ser una obligación para los futbolistas, que sudaron sangre en una pretemporada con triples sesiones. Su fútbol, físico y directo, dio buenos resultados esa campaña y el Madrid ganó la Liga, la Copa y acometió la primera gran remontada europea de su historia ante el Derby County.

Si aquello fue la transición del balón como vértice los entrenamientos a la táctica y los ejercicios por repetición, hace años que se produjo la primacía de la amortización sobre la verdadera finalidad de una pretemporada: llegar en la mejor condición física al inicio liguero. En este verano, el Real Madrid ha disputado cuatro partidos de máxima exigencia en otras tantas ciudades de Estados Unidos: Los Ángeles, Houston, Dallas y Orlando. Una locura desde el punto de vista del entrenador y un suplicio para los jugadores. Al cansancio de los entrenamientos y los encuentros hay que sumar la fatiga acumulada por los viajes y traslados. Y nada sale gratis. El cuerpo tiene más memoria que cualquier microchip moderno.

Así, Ancelotti y el resto de técnicos de clubes que priorizan los ceros al fútbol son los que más sufren en las pretemporadas. Al objetivo de ajustar el esquema y los nuevos fichajes, le suman el rezo diario para que no aparezcan las temidas lesiones.

Este año el destino se ha cobrado su precio de la forma más cruel, atacando el cruzado de dos pilares básicos del equipo, Courtois y Militão. Algo así como iniciar una guerra sin escudo antimisiles. Un suicidio en los tiempos que corren. Y si a ello le sumamos la salida de Benzema y el papel secundario que se aventura para Kroos y Modric, obtenemos un Real Madrid de metamorfosis acelerada, sin ninguno de sus jugadores clave de la Decimocuarta partiendo como titulares. La aventura 23/24 no ha podido comenzar peor. Pero hablamos del Real Madrid, el equipo que nunca se rinde, el club que siempre vuelve. Lo veremos en mayo.