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Real Madrid y Cataluña: amistades peligrosas


La relación del Real Madrid con Cataluña, en general, y con el F.C. Barcelona, en particular, siempre ha estado en foco, y con razón. Cuatro hechos históricos sirven para ilustrarla. Desde el propio origen del club, hasta los primeros conflictos, el rechazo del Madrid durante la Guerra Civil y un homenaje por el primer éxito europeo. Una verdadera montaña rusa de sentimientos encontrados.

El 8 de noviembre de 1870 nació, en Sarriá, Carlos Padrós Rubió. Seis años después, la decisión de su familia de trasladarse a la capital cambiaría su vida para siempre, pero también la del futuro Real Madrid. Adelantado a su tiempo, ilustrado y preocupado por el devenir de la juventud de aquel entonces, Padrós contempló el fútbol como un elemento transformador de la sociedad y, junto a su hermano Juan, fundó el club de Chamartín. Durante su mandato, el Madrid ganó tres campeonatos regionales y tres nacionales, pero lo cierto es que su figura quedó relegada a un segundo plano. Según cuenta Alfredo Relaño en Nacidos para incordiarse, parece ser que el origen del conflicto estuvo en 1907, cuando la directiva decidió que la Copa que el Madrid había conseguido en propiedad, tras conquistarla tres veces consecutivas, la guardara Carlos Padrós. Años más tarde, ya en 1932, el presidente Luis Usera se la reclamó para exponerla junto a la primera Liga a cambio de compensarle con una réplica. Pero nunca le llegó. El fundador del club falleció en 1950 y nadie acudió a su entierro. La imagen de Carlos Padrós quedó algo restablecida en 2002, cuando Florentino Pérez le rindió un homenaje durante un evento de peñas en Cataluña.

El primer gran choque entre el Madrid y el Barcelona se produjo en 1916 durante las semifinales de la Copa, una competición que ya estaba adquiriendo mucha relevancia. Y fue, ay destino, por culpa de los árbitros. Después de disputarse los partidos de ida y vuelta con una victoria para ambos equipos (por aquel entonces no computaba la diferencia de goles), el primer encuentro de desempate sembró la discordia. Terminó 6-6, pero entre los barcelonistas surgió el recelo hacia el árbitro, Berraondo, que había jugado en ambos equipos con anterioridad. En el segundo partido de desempate estalló la polémica. Después de varios penaltis a favor del Madrid, y con 4-2 en el marcador, el capitán del Barcelona ordenó a los suyos que se retirasen. La bronca fue mayúscula, con insultos a los jugadores catalanes por parte del público y grandes quejas de éstos hacia lo que consideraron una actuación deliberadamente blanca por parte del colegiado. Pasó el Madrid, pero no pudo levantar el título, que fue para el Athletic Club, que ganó sin paliativos por 4-0 en Barcelona, donde el Madrid no fue recibido precisamente entre ovaciones.

La siguiente parada tuvo lugar veinte años después, cuando la Guerra Civil alteró la vida de los españoles y, consecuentemente del fútbol. Sobre todo en Madrid, que desde muy temprano fue frente de batalla. Esto provocó una parálisis de las competiciones futbolísticas y la búsqueda de diferentes soluciones. La más ingeniosa y rompedora partió de Hernández Coronado, ex portero del Real Madrid al que se le debe la idea de que el club jugase en el Campeonato catalán durante la contienda. Su proposición fue recibida con mucho entusiasmo por los clubes y la sociedad catalana en general. Todos la apoyaron por “solidaridad republicana” y debido al incentivo deportivo y económico que el concurso del Madrid podría suponer. Todos menos el F.C. Barcelona, que desde el principio planteó diversas objeciones. El club madrileño, para tratar de llegar a un acuerdo, incluso ofreció que no contabilizasen sus puntos o que, en caso de quedar primero, se proclamase campeón al segundo. Todo con tal de mantener su actividad y poder pagar el sueldo de los jugadores. Pero, finalmente y tras montar una farsa en la reunión con todos los clubes implicados, la Federación catalana, a instancias del Barcelona, rechazó incluir al Madrid en su competición arguyendo que perjudicaría los intereses de los equipos más modestos. Pura cortina de humo. Curiosamente, esa temporada, el campeonato catalán no sería para el Barça, sino para el Espanyol.

Lo anterior pareció olvidarse en 1956, cuando, lean bien, desde Cataluña se decidió homenajear al Real Madrid tras lograr su primera Copa de Europa. La idea fue del presidente de la Asociación de la Prensa de Cataluña, Diego Ramírez Pastor, y contó con el respaldo de sus homólogos en la Federación catalana y en el Barcelona. Tras superar al Stade de Reims y conquistar Europa, el Real Madrid recibiría un insólito gesto por parte de un combinado de tres equipos de la capital catalana: Barcelona, Espanyol y Condal. Fue el debut de Kopa y el Madrid se impuso  por 7-3 entre detalles de admiración y pleitesía. Impensable en la actualidad.