Racismo Real


“Yo estoy en el banquillo y me llaman hijo de tal. No veo a ningún obrero, ni a ningún panadero sufrir esto. ¿Insulto? No se juega. A ningún maestro le insultan. Si insultas a un obrero te cae un ladrillo en la cabeza. Hay que imponerse (…) Da igual la camiseta. Vinicius no es futbolista del Madrid antes que persona. Hay que defender a cualquier futbolista profesional por delante de los colores”. El que habla es el entrenador del F.C. Barcelona, Xavi Hernández, cuestionado acerca de los incidentes sufridos por Vinicius en Valencia.

En una de las imágenes del partido, se ve al delantero del Madrid sentado en el césped tras un lance del juego. En la grada, una multitud de mayores, hombres, mujeres, niños y niñas le increpan levantados de su asiento, brazos en alto, mirada amenazadora, gesto iracundo. Niños. Ahí radica el problema. El insulto y la amenaza están institucionalizados en el fútbol y hasta los más pequeños utilizan las gradas para lanzar improperios a los jugadores rivales. La educación es el origen de todo.

Lo que sucede con Vinicius, un chaval que ha recibido burlas y chanzas desde que llegó a Madrid sólo con 18 años, no es un caso único. En la temporada 22-23 se han producido al menos 9 denuncias y otros jugadores, en el pasado, ya fueron objetos de mofas racistas: Eto’o, Iñaki Williams, Wilfred, Kameni o Umtiti. Él es la proa de la ignominia por su repercusión mediática. Tampoco es la primera vez que esto le pasa a un jugador del Madrid. Ya lo sufrió Roberto Carlos en el Camp Nou o, mucho antes, en los 70, Laurie Cunningham, que tuvo que leer lamentables titulares por parte de periódicos nacionales (su caso se explica con detalle en el libro Historia de las remontadas del Real Madrid, que puedes conseguir aquí).

La situación es grave, y tan culpables son los cobardes que ensucian el deporte con sus ofensas, como los que tratan de minimizarlas cuando el escándalo se produce en el estadio de su equipo.  A los primeros, la carencia de una educación básica los barbariza; a los segundos, la bufanda les asfixia.

Seamos serios de una vez y distingamos, cuando hablemos de Vinicius, el problema real (la carencia de educación y civismo, que deriva en conductas racistas) de los desaciertos del propio jugador (algunas reacciones y provocaciones). No caben más cortinas de humo. La situación requiere de soluciones rotundas, duras, de verdad. Hasta el momento, tanto la Federación como la Liga habían mirado hacia otro lado, mientras que los clubes sólo aplicaban la cirugía expulsando a uno o dos energúmenos por caso, cuando la dolencia está mucho más extendida. ¿Se hizo algo con los miles de atléticos que desearon la muerte de Vinicius en los aledaños del estadio? Nada. ¿Les pasará algo a los miles (sí, miles) de valencianistas que le llamaron «mono» tanto dentro como fuera del estadio? No, nada.

España es un país de romanos. Caliente, intenso, arrebatado. De acuerdo. Pero no podemos seguir utilizando una actividad de valores, como el deporte, como basurero de nuestra bilis. ¿Por qué tenemos asumido el insulto al rival? ¿En dónde está escrito que lo normal es acordarse de la genealogía del árbitro cuando sus decisiones nos parecen erróneas? Donde hay pasión, existen los excesos, tampoco seamos puristas. Pero de ahí a convertir los estadios en coliseos del odio hay un límite que, desgraciadamente, ya hemos cruzado.

Tampoco ayudan ciertos responsables públicos cuando utilizan este tipo de hechos para sus espurios intereses partidistas. En esto, pongamos nombre y apellidos, Pablo Echenique es un fijo. Para él, “los nazis” que insultan están protegidos por determinado partido. En lugar de echar agua, su apuesta es la gasolina entre españoles. La solución nunca pasará por este tipo de personajes. Pero tampoco por la golfería oportunista que supuso la detención de los responsables de colgar un muñeco de Vinicius de un puente (suceso que ocurrió en enero) dos días después del revuelo de Valencia. Antes no se puedo hacer, claro. Debemos de hacernos muy bien los imbéciles, porque el tomarnos por tales se ha convertido en costumbre.

El tsunami mediático de Vinicius provocó que todos comenzara a activarse de una vez. Ancelotti estuvo más contundente que nunca, el Real Madrid anunció que acudiría a la Fiscalía, la Liga y la Federación coordinaron una campaña conjunta… y hasta le quitaron la sanción a Vinicius alegando que las imágenes del VAR se mostraron sesgadas. Pero esto es calderilla. La situación requiere de nuevas medidas y más contundencia. Miremos a Inglaterra, por ejemplo, donde en este tipo de casos se prioriza la vía penal, o a Italia, que castiga más a los clubes. Si se desaprovecha la oportunidad con decisiones cosméticas y palabrería hueca, un día sucederá una desgracia y no será porque no se veía venir.